Las condiciones al norte de la India hace 2450 años

La India de entonces se caracterizaba por una inusual apertura espiritual, similar a la de la antigua Grecia, al renacimiento italiano, y a los años 60 en el Occidente. A pesar de que en esta última gran oleada de búsqueda de sentido cayeron muchos de los mejores, víctimas de las drogas, fue la más importante de las grandes protestas contra la autoridad, las prohibiciones y el materialismo, y sigue teniendo todavía hoy efectos en el desarrollo social. La disposición anímica de los años 60 era abierta, aunque con frecuencia con una perspectiva pobre hacia la felicidad de todos los seres. Se tenían metas altas, se confiaba en la bondad fundamental de los seres humanos, y rara vez las personas eran materialistas o esnobistas.

En comparación con la época actual de los anticonceptivos modernos, el ambiente del Buda fue con seguridad más moralista, pero en lo concerniente a la profundidad y claridad de las visiones de la vida, muchos de los que lo escuchaban eran más conscientes y bastante menos dispersos. Las corrientes de pensamiento en boga del materialismo y el nihilismo estaban tan difundidas como todas las visiones del mundo conocidas hoy, que quieren explicar todos los sucesos del mundo mediante causas externas tales como dioses. Pero, sobre todo, los habitantes de India esperaban que sus posiciones espirituales influenciaran en forma ventajosa sus vidas diarias.

El concepto de que una visión del mundo podría penetrar en la vida hasta lo más pequeño, está alejado de las culturas occidentales desde la opresión ejercida por la Inquisición y los sufrimientos difíciles de describir de esa época. En su lugar surgieron disciplinas espirituales como la lógica y la ética, que más que mejorar la cotidianidad de las personas, satisfacían el intelecto. Este principio llegó con Descartes a su punto culminante en la separación de cuerpo y espíritu, que hasta hoy tiene influencia en gran parte de la cultura occidental. La constante separación de las ciencias del espíritu en campos cada vez más numerosos produjo, en efecto, muchos expertos, pero sólo unos pocos dirigieron la mirada hacia el campo completo de las aspiraciones humanas o tuvieron una comprensión sobre los caminos que brindan felicidad y metas significativas.

En los tiempos del Buda, las personas, que todavía no habían sido estigmatizadas por el absolutismo y las creencias coercitivas, esperaban más de una visión del mundo. Como filosofía de vida, ésta debía ir más allá de los deseos y expectativas personales, e incluir un acceso a una verdad intemporal. Las enseñanzas debían tener una lógica fundamental, poseer métodos utilizables y mostrar una meta alcanzable. Las afirmaciones se manejaban con mucho cuidado: si alguien sostenía una visión que otro podía refutar, el primero se convertía en un estudiante del segundo. Así lo exigía la honradez espiritual de aquella época.

Fragmentos de Las Cosas como son, Lama Ole Nydahl