Introducción al Budismo

Las posibilidades de enseñanza que tuvo el Buda hace 2450 años fueron únicas: vivió en la floreciente cultura del norte de la India de entonces, y estuvo rodeado de discípulos muy talentosos. Así, después de su iluminación pudo mostrar el camino hacia el completo desarrollo de la mente por 45 años, lo que es también la causa de que sus métodos sean tan variados. El Kanjur, la recopilación de las propias palabras del Buda escritas después de su muerte, consta de 108 extensos tomos que contienen 84.000 explicaciones de gran utilidad. Los comentarios posteriores de sus discípulos fueron transmitidos mediante una colección de 254 libros adicionales, igualmente gruesos llamada, Tenjur. De ahí que sean comprensibles las últimas palabras del Buda antes de dejar su cuerpo, a la edad de 80 años: “Puedo morir feliz. No conservo ni una sola enseñanza empuñada en mi mano. Todo lo provechoso para ustedes ya se los he entregado”.

Tales afirmaciones muestran el acercamiento práctico del Budismo, el cual apunta a beneficiarnos en la vida real. Cuando las personas le preguntaban al Buda por qué y qué enseñaba, respondía: “Enseño porque ustedes y todos los seres buscan ser felices y tratan de evitar el sufrimiento. Enseño las cosas como son”.

Muchas escuelas se han desarrollado desde entonces a partir de sus enseñanzas, y todas tienen en común que procuran el desarrollo integral de los seres humanos. Buscan emplear en forma significativa el cuerpo, el habla y la mente, de acuerdo con lo que el Buda les recomendó.

Conocer las enseñanzas del Buda es también la clave para la felicidad duradera. El Buda mismo aparece como maestro, protector y amigo de los seres. Con la ayuda de sus métodos uno puede evitar el sufrimiento, y alcanzar la felicidad permanente. Puede desarrollarse en forma cada vez más poderosa y también ayudar a los demás con esto. El concepto que mejor describe las enseñanzas del Buda (que al llegar al Tíbet hace 1000 años recibieron el nombre de Chö, y están presentes ahora en Occidente) fue elegido por él mismo hace más de 2450 años: Dharma, que significa: las cosas como son.

Fragmentos de Las Cosas como son, Lama Ole Nydahl