Los cuatro campos de acción (o actividades búdicas)

Los Budas aprovechan todas las cualidades del cuerpo, el habla y la mente para beneficiar a los seres. Actúan en forma incesante, pero sin ningún esfuerzo. Cuando no se experimenta ninguna separación entre el que actúa, el acto y el objeto, simplemente realiza uno en forma juguetona las posibilidades del momento. Esto produce la ventaja más grande posible para la mayor cantidad posible de seres en el futuro más lejano. Aquí no se vive ningún momento sin la experiencia constantemente fresca de un “iAjá!” y un “¡Que agradable es la vida!”.

Contra cada uno de los 84.000 velos mentales y emociones perturbadoras hay comprensiones y acciones eficaces que conducen al beneficio de los seres. Ellas lo transforman todo, y convierten cada experiencia en un paso en el camino. Se distinguen aquí, a “grosso” modo, cuatro diferentes formas de acción con las que se puede influenciar para bien de los acontecimientos. Son los campos de acción: pacificador, enriquecedor, inspirador y poderosamente protector. Como ocurre con tanta frecuencia, uno tiene que mirar los acontecimientos sólo ligeramente desde arriba y de una forma impersonal para permitir que la visión magistral del Buda enriquezca la vida. Esto vale también para las acciones búdicas y para quien las realiza.

Toda persona tiene determinadas disposiciones con las que influye en los demás. Utilizarlas conscientemente ayuda a darles a otros seres felicidad y orientación.

A las personas pacificadoras corresponde el jovial anfitrión que no está contento hasta que todos los demás lo estén. Casi siempre tienen una disposición muy agradable, la forma del cuerpo es similar a una pera y constantemente tienen que estar atentos para que los demás no se aprovechen de ellos o para no perjudicarse a sí mismos por beber o comer demasiado. Pero si lo logran, pueden darle a mucha gente la cercanía y la calidez que muchas veces les hace falta desde la niñez. Es importante cuidar que la apertura emocional que surge frente a la gente se dirija a un plano duradero y significativo.

El tipo enriquecedor posee a menudo una apariencia externa completamente diferente. Tiene huesos delgados, movimientos rápidos y es consciente de lo que ocurre en todas direcciones. De él recibe uno los últimos datos y oye lo que se ha dicho. Puesto que su campo de acción alcanza a muchos y también puede actuar en sociedad, él no debe verse sólo como para lo correspondiente a cada día, sino desarrollar una forma de pensar suprapersonal, que haga de él un verdadero amigo de los seres. Esto es más significativo y mucho más satisfactorio a largo plazo que ir a la caza de los valores del mundo material.

En el campo de acción inspirador cae fácilmente quien es atractivo exteriormente. Puesto que la belleza del mundo es fácilmente percibida, es también muy natural aprovechar su influencia. Ella adorna a los seres como resultado de actos humanitarios en vidas anteriores. Pero si esa ventaja se queda en la superficie y sólo se sabe lo que está de moda, pierden todos lo más valioso que hay: su tiempo.

El poderosamente protector es el verdadero amigo de los seres. Es imperturbable, y tanto el cuerpo como el habla expresan esta cualidad. Tiene una mirada limpia y observadora y está, también debido a su porte, un par de pasos adelante de la evolución en el espacio. Cuando los tres mencionados anteriormente han hecho lo suyo, él está listo a ayudar. A pesar de que se ocupa muy poco por su apariencia y se aburre con el parloteo general, él es el protector definitivo para las personas.

Sin esfuerzo y uniendo todas las posibilidades de estos campos de actividad, los maestros realizados obran certeramente para el bien de los seres. Pero al mismo tiempo se nota que ellos prefieren ciertas actividades, porque responden a las cualidades de sus discípulos. Así aparecen los movimientos tan distintos al interior de sus grupos. El campo de energía del maestro actúa constantemente y sólo es cuestión de tiempo que los discípulos puedan desarrollar y fortalecer alegremente las mismas cualidades.

¿Qué significa la práctica para el maestro? ¿Cómo puede él usar el conocimiento sobre los campos de actividad?

Pacificador: Si los estudiantes son frágiles o difíciles, preferiblemente les da uno mucho espacio. Para los que son evidentemente vulnerables esto es obvio, pero si uno está seguro de que ninguna aclaración necesaria va a evitar un encuentro, un comportamiento que relaje la situación es también con frecuencia el medio correcto con los “casos difíciles”. Éstos a menudo generan dificultades para distraerse de la propia presión interna y si no vuelven a encontrar ninguna resistencia estallan las propias neurosis. El maestro puede entonces trabajar con esta materia prima libremente sedimentada y, para el futuro, mezclar debidamente sus cualidades que merecen conservarse en una forma más agradable.

Enriquecedor: Cuando después de una situación pacificadora aparece la disposición para nuevas experiencias, el maestro lo acerca a uno a las posibilidades de la vida. Sin embargo, esto ocurre paso por paso, porque si se busca hacer mucho y muy rápido a la vez, puede uno caer de bruces, y el yo ilusorio (ego) recibe una disculpa para reafirmar su posición.

En el Budismo tibetano, es muy fácil para el maestro utilizar los dos primeros campos de actividad: sólo tiene que observar si sus discípulos se vuelven más independientes, si desarrollan una vigorosa disposición frente al sexo y a la vida, y si muestran un excedente para los demás.

Cuando un maestro actúa en forma inspiradora o poderosamente protectora, tiene que proceder de manera especialmente responsable y, ante todo, revisar constantemente su propia actitud.

Inspirador: Si uno tiene el poder de influir sobre otros, es posible un crecimiento muy rápido, pero también se puede ocasionar mucho daño. Los escándalos religiosos alrededor del mundo no cesan y ninguna persona que lea los diarios espera con seguridad algo diferente al odio y la opresión de parte de las religiones orientadas a la teocracia. Pero también en el buen nombre del Buda, honorables monjes y maestros se permiten algunas situaciones penosas. Aunque la meta de sus enseñanzas no fue nunca observar los mandamientos de un dios testarudo sino el completo desarrollo de nuestra mente, parece difícil traer ese ejemplo al mundo. Por supuesto que debe evitarse toda acción que perturbe la relación de confianza entre el discípulo y el maestro. Algo así resulta desalentador para el creciente número de cabezas brillantes que se acercan al Budismo.

Poderosamente protector: Actuar de una forma poderosamente protectora es el cuarto campo de actividad. Exige también mucha auto observación. Cuando el maestro despierta el entusiasmo, tiene que evitar sobre todo el orgullo. Al proteger, y cuando es necesario recurrir a acciones destructivas, es importante estar atento a la ira. Sólo quien ve en los demás a los futuros Budas puede comportarse en forma fuerte sin cometer errores. Incluso cuando el maestro ha prometido proteger a otros con el cuerpo, el habla y la mente, al mismo tiempo tiene que cerciorarse de que sus actos no busquen ante todo su propia ventaja. Uno tiene que ser aquí el buen médico que no opera buscando su propia fama, sino para evitar mayores daños posteriores. Sólo cuando permanentemente se está más allá del propio temor, se puede emplear esta herramienta afilada en forma significativa. A pesar de que casi todo el mundo prefiere una atmósfera espiritual pacífica, no se debe olvidar la responsabilidad propia y cerrar los ojos a lo que realmente sucede en el mundo por miedo al conflicto.

Debido a que la mayoría de las personas están acostumbradas a no ser críticas frente a las ofertas espirituales, con frecuencia su vida interior es vulnerable y confusa. Por eso difícilmente se arriesgan a proteger a otros mediante una saludable risa cuando algo religioso resulta cómico o acosa a la gente. También entre los maestros parece haber más hierro que oro, como dicen los tibetanos. Mucho dinero y poder desalojan con frecuencia la espiritualidad. Sus propios maestros hablan muy poco de esto por solidaridad interna y tampoco sus discípulos saben lo que se debe esperar de un buen maestro. Sólo los que están listos para poner en juego su popularidad son dignos de confianza. Sólo estos maestros son realmente libres y pueden cortar la confusión de otros y sólo su trabajo producirá resultados duraderos.

Fragmentos de Las Cosas como son, Lama Ole Nydahl